#10 – ETERNAMENTE ESCLAVAS

Hoy voy a hablar de un tema que ha estado de actualidad en España este último mes de agosto, el de la violación. Y lo hago porque me parece un tema de extrema importancia, y me molesta cómo la sociedad parece quitarle hierro al asunto.

Puede que las mujeres (occidentales) hayamos avanzado un montón en tema de derechos. Sí, ahora podemos votar (lo cual está muy bien), tenemos más de independencia que antaño, más acceso a medios de planificación familiar, y unas leyes que nos amparan e incluso nos discriminan positivamente en un cierto número de casos. Pero mientras sigamos viviendo constantemente con el fantasma de la violación acechándonos, con el riesgo de salir a la calle y que nos hagan algo horrible, nunca seremos libres. Seremos eternamente esclavas. Eternamente dependientes de un hombre que nos tenga que acompañar a todas partes, eternamente presas del miedo, eternamente limitadas a la hora de hacer cosas, de viajar, de movernos, de trabajar.

Puede que existan penas (más que insuficientes, por cierto) que castiguen a los violadores, puede que los políticos lo condenen, puede que todos, de cara a los demás, digamos que la violación es algo horrible y que los violadores son unos hijos de la gran puta, porque es lo “políticamente correcto”. Pero las violaciones se siguen produciendo y las mujeres seguimos viviendo con miedo. Somos incapaces de avanzar. ¿Por qué?

Para encontrar la respuesta, hemos de sumirnos en lo más profundo de nuestra mente. Y ahí es donde encontramos una gran barrera que nos lo impide.

Esa barrera nos impide imaginar un mundo sin violadores, porque casi todxs pensamos, aunque sea de forma inconsciente, que el varón humano es una bestia incapaz de controlar sus impulsos sexuales. Todxs pensamos que esto es inevitable, inmutable, que esto “es así” y no se puede cambiar, y que por lo tanto es la hembra humana la que debe tener cuidado, cubrirse, evitar ir sola a ningún sitio y, en definitiva, avergonzarse de su propia sexualidad, tratando de anularla, para evitar que su perfume de mujer llegue a la nariz de algún salvaje depredador en busca de su presa. Y, por lo tanto, cuando la violación sucede, nuestra mente de forma automática tiende a culpar a la víctima que no ha tenido el suficiente “cuidado” de no ser agredida por su violador, o incluso pensamos que “lo ha ido buscando”.

Nuestra barrera mental no sólo nos lleva a culpabilizar a la víctima, sino también a castigarla por “lo que ha hecho”. En lo más profundo de nuestra mente no pensamos en la violación como una inaceptable agresión y un daño físico y psicológico, sino como una “pérdida de honor” de la mujer. La mujer pierde su dignidad, y el hombre se hace con ella como si fuera un trofeo. Por ello, no entendemos que una mujer pueda querer recuperarse tras sufrir una violación, que tenga derecho a reponerse, a superarlo y a volver a disfrutar de su salud física, psicológica o sexual. Pensamos que debe apartarse del mundo y vivir sumida en la vergüenza y la oscuridad hasta el último día de su vida. Y a la mujer que quiere volver a vivir y que se niega a confinarse de ese modo, la llamamos “buscona” e incluso pensamos que en realidad no fue violada, sino que está mintiendo.

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Y esta barrera, además, limita nuestro concepto de “violación” a “chica que va sola por la calle, es asaltada por un desconocido y resiste hasta morir brutalmente asesinada”. No entendemos que una violación a manos de un amigo, una pareja o un marido también es una violación; no entendemos que una violación en la que la chica no resiste (porque está bloqueada por el miedo o porque no quiere que la hagan aún más daño) también es una violación. Y si una mujer consiente una cierta práctica sexual pero en el transcurso de la misma es forzada a realizar otras, sí, también es violación, pero nosotrxs por desgracia no lo entendemos. No entendemos que decir “sí” a una cosa no significa decir “sí” a todo. No entendemos que la mujer es propietaria de su cuerpo y de su mente, no entendemos que una prenda de ropa o una caricia NO son una invitación a sufrir una agresión.

Hasta que no consigamos derrumbar ese muro mental, no podremos ni tan siquiera vislumbrar a lo lejos la solución para este grave problema. Y al Sistema le interesa, y mucho, mantener esa barrera y hacerla crecer. Le interesa que toda esa energía, toda esa fuerza que guardamos el 50% de la población y que podríamos utilizar para cambiar el mundo quede recluida, oprimida y encerrada en casa debido al miedo constante a sufrir una violación. Pensaréis: el Sistema mete a los violadores en la cárcel. Cierto. Pero el Sistema también nos lava el cerebro a través de la televisión, la publicidad y la pornografía de masas para convencernos de que la mujer es un objeto sexual y de que su propio cuerpo no le pertenece.

¿Qué podemos hacer para emprender nuestro camino hacia la libertad colectiva? Todo empieza por cambiar el chip, por reprogramarnos, por educar y autoeducarnos. Dejar de enseñar a las mujeres a no ser violadas y enseñar a los hombres a no violar. Dejar de tener miedo a soñar con un mundo en el que las mujeres no estén en peligro, y alzar nuestra voz, hacernos oír y luchar por lo que nos pertenece: nuestro cuerpo, nuestra libertad de decisión, nuestro valor intrínseco como seres humanos y no como objetos de satisfacción para otros.

Porque de lo contrario seguiremos siendo eternamente esclavas.

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#9 – Lo que te honra y lo que te hace culpable

Te honra tu sonrisa, tu voz, tus palabras. Te honran tus manos. Te honra tu fe y tus ideas. Te honra tu energía y te honra tu fuerza. tu Te honra tu coraje, tu determinación, tu voluntad de cambiar el mundo. Te honra tu pensamiento, te honran tus dudas, te honran tu razón y tu intuición.

Te honra tu entrega a la hora de hacer las cosas. Te honra tu pasión, te honra tu conciencia, te honra tu sentido de la justicia, tu solidaridad, tu empatía. Te honra tu preocupación, tu dolor y tu rabia por la destrucción del Planeta, por la masacre de personas inocentes, por las estúpidas guerras en las que los seres humanos se matan unos a otros y sólo salen ganando las élites que controlan el Sistema.

Te honran tus convicciones más profundas, tu personalidad, tu autenticidad.

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No es un trozo de piel de tu coño lo que te honra, ni con quién te acuestes o te dejes de acostar. Tu dignidad como mujer no depende de lo que decidas hacer en tu vida sexual.

No es la opinión de los demás lo que te honra o te deshonra, ni las malditas etiquetas que te pongan, ni los prejuicios o acusaciones que tengan contra ti. No es la ropa que llevas lo que te honra, ni tampoco tu condición de casada o soltera.

No es tu fama lo que te honra o deshonra, ni los comentarios de los demás. El mundo real no es Sálvame. No son los demás los que deciden tu honra. No pueden impedir que trates de conseguir lo que quieres.

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Eres culpable de no sentirte capaz. Eres culpable de dejarte llevar por el miedo, de creerles cuando te dicen que no puedes, que “es imposible”.

Eres culpable por creer que tu cuerpo es propiedad de alguien.

Eres culpable de cerrar los ojos y no querer ver la realidad, de ponerte excusas, de pensar que tú no eres apta ni responsable de conseguir lo que te propongas y de esperar a que alguien venga y lo haga por ti. Te han lavado el cerebro y te han hecho creer que por ser mujer eres inferior, eso no es culpa tuya.

Pero si después de darte cuenta de esto, sigues pensando que después de todo “hay que aceptar las cosas como son, pues no hay nada que se puede hacer”… sufrirás grandes limitaciones en tu vida y quizá sí que tengas algo de culpa en ello.

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No eres culpable por ser diferente. No eres culpable por estar gorda, o mejor dicho, por no estar delgada; no eres culpable por no vestir a la moda, por no entrar en una talla 36. No eres culpable por no tener novio, o por no tener la clase de relación que el Sistema considera que debes tener.

No eres culpable por no tener un buen sueldo, o por no poder llevar a tus hijos a un colegio de pago; no eres culpable por no llevar un bolso de tal o cual marca. No eres culpable por no tener una casa de revista, por no tener el trabajo super-mega-guay que todo el mundo querría o por no tener trabajo.

Si tienes ganas de comida, de sexo o de dormir no es porque seas culpable, es porque eres humana.

No eres culpable por PENSAR, por preguntar, por cuestionar (aunque te quieren hacer creer que SÍ) ni tampoco eres culpable por sentir, por amar, por desear, por equivocarte ni por llorar. No eres culpable por soñar, no eres culpable por IMAGINAR, ni por creer que se puede cambiar esta sociedad absurda y enferma. Sí, se reirán de ti y te llamarán ilusa, infantil, loca. Pero lo cierto es que tú ves la realidad con mucha más luz, color y profundidad que ellos.

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Hay muchas páginas, blogs, artículos de revistas y programas de televisión que te enseñan cómo conseguir tus objetivos, cómo tener “éxito”. Te dicen cómo tener un vientre plano, cómo aprender inglés en poco tiempo, cómo conseguir “un buen trabajo”, cómo copiar el estilo de alguna famosa de mierda…

Te dicen que gastes el tiempo de tu vida en ponerte guapa, en consumir trastos que no necesitas, en obedecer. Quieren que tu vida pase de forma rápida e irrelevante. Que no hables, no molestes y no llames la atención.

Pero sabes que tu misión en la vida es algo mucho más grande que eso.

Te dicen a quién tienes que despreciar y a quién tienes que envidiar, a quién deberías parecerte. Pero a ti no tiene por qué ensombrecer nadie.

Tú tienes un potencial como ser humano increíble.

Así que escucha a tu mente, escucha a tu cuerpo. No les escuches nunca más a ellos.

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#8 – Estropeadas

Hoy voy a hablar de cómo la sociedad enfrenta a la mujer con su compañero inevitable, el paso del tiempo. Sí, de acuerdo, este blog se describe como una “guía de (des)programación mental para mujeres jóvenes”, y el envejecimiento quizá no sea, de forma inmediata, una de las principales preocupaciones de las mujeres jóvenes. Pero todas, en nuestra mente, llevamos incorporado una especie de “chip”, un programa, que nos recuerda que un trágico día nos convertiremos en viejas brujas, en flores marchitas, en mujeres estropeadas.

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Una de las razones que me ha movido a escribir sobre este tema es que las mujeres mayores de 50 años que tengo a mi alrededor (madre, abuelas, tías, y otras mujeres de confianza) me repiten, con bastante frecuencia y un tono de lástima, de nostalgia, la siguiente idea: “tú disfruta, vive, aprovecha tu juventud, que luego llega un momento que te pasa como a mí, te haces vieja y te estropeas…“. A mí me gustaría decirlas a todas ellas que son mujeres estupendas y que no están estropeadas, que son seres humanos con miles de historias de contar y con una amplia experiencia que compartir, que están llenas de luz y sabiduría… Pero hay una venda en nuestros ojos que no nos deja ver.

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He hablado anteriormente de cómo el Sistema nos programa a las mujeres para odiarnos a nosotras mismas, cómo nos expropian nuestro cuerpo, nuestra mente, hasta el punto de de convertirnos en esclavas sumisas y perfectamente manipulables. La idea de fondo, grabada a fuego en el inconsciente colectivo, es siempre la misma: tu valor como mujer depende exclusivamente de lo sexualmente deseable que seas. Esto es tristísimo, pero además, para complicar aún más las cosas, ser “sexualmente deseable” se reduce a unos parámetros muy limitados, como ser joven, estar delgada, tener los pechos grandes, unos rasgos faciales y físicos conformes al canon de belleza vigente… y estos requisitos son, además, cada vez más estrictos, de manera que cada vez hay que ser más joven, estar más delgada, tener los pechos más grandes (lo cual entra en contradicción con lo anterior) y que tus rasgos no se salgan una milésima del maldito canon. Para entrar por el aro y pasar por el control de calidad, tenemos muchas herramientas: si estamos canónicamente gordas, podemos adelgazar, si somos canónicamente feas, podemos maquillarnos, pero hay una cosa que nunca se puede evitar ni detener: el paso del tiempo, y los intentos de hacerlo a menudo derivan en resultados esperpénticos.

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¿Sigues pensando que las arrugas no son hermosas?

Ver en la televisión rostros inmovilizados por el bótox, que no pueden ni tan siquiera sonreír, horroriza a cualquiera; ver cuerpos imposibles moldeados a golpe de bisturí y silicona, también; ver almas tristes, que no quieren aceptar algo tan natural como su edad…es sin duda descorazonador. Sin embargo, hay un todo un negocio a escala mundial que se nutre de nuestros miedos, nuestro miedo a las arrugas, nuestro miedo a las canas, nuestro miedo a dejar de ser, en definitiva, objetos sexuales, que es para lo que estamos programadas… Y no nos damos cuenta de que lo que nos están vendiendo no es real, sino una ridícula fantasía: en los anuncios de cremas antiarrugas aparecen chicas de 18 años, en los anuncios de cremas anticelulíticas aparecen chicas a las que aún no les ha salido celulitis, en películas y series aparecen actrices de 25 años haciendo el papel de una experimentada madre de 40…pero la realidad es que vosotras nunca seréis como esas chicas, porque la ciencia aún no ha descubierto como viajar hacia atrás en el tiempo, y… ¿sabéis que? ¡tampoco tenéis por qué ser como esas chicas!

Sin embargo nuestros miedos ahí siguen, y en cierto modo es lógico. Un hombre maduro, con sus primeras arrugas y sus primeras canas, es ampliamente considerado un hombre atractivo, experimentado, inteligente e interesante… La mujer madura, en cambio, es invisible (¿cuántas presentadoras, periodistas, actrices, humoristas… mayores salen en televisión?, poquísimas, muchas menos que hombres) o bien es ridícula (una vieja bruja amargada e histérica que envidia y ataca a las más jóvenes). En los últimos años, el papel de la mujer madura en los medios ha evolucionado y ahora resulta todavía más penoso, y ello se debe al tono compasivo y almibarado que utilizan muchas revistas y programas a la hora de hablar de la menopausia, como diciendo: “¡eh, todos te vamos a tratar como una vieja y gorda de mierda, pero ánimo, que tú puedes! Ahora compra un pañal para que no te mees encima y aprende nuestras deliciosas recetas para hacer la merienda a tus nietos”.

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De todas las humillaciones que el Sistema perpetra hacia las mujeres, quizá esta sea la mayor de todas: propagar el odio hacia la mujer por algo tan inevitable, natural y lógico como hacerse mayor, logrando que incluso llegue a odiarse a sí misma. Yo al Sistema ya no le pido nada, no espero nada de él: sé que no basta con pequeños cambios ni con “pequeñas victorias”, hasta que este injusto modelo económico y social se venga abajo por completo el ser humano nunca podrá liberarse de sus estúpidas cadenas.

Pero sí que pido algo a las mujeres maduras, y desde aquí lanzo un mensaje desesperado hacia ellas. Porque sin duda estamos viviendo un momento histórico, un cambio de paradigma social y económico: el Sistema seguirá siendo igual de injusto, pero el poder está diseñando nuevos métodos (aún más sofisticados y retorcidos) para seguir robándonos nuestro pensamiento y nuestra libertad. Claramente, el mundo va a cambiar, y por ello lxs ciudadanxs debemos despertar y luchar para que ese cambio sea a nuestro favor, para cambiar las reglas de este juego de locos. Y para que el mundo cambie en ese sentido, el mundo necesita vuestra experiencia, sabiduría, madurez, sensibilidad, sensatez, valentía, fuerza, serenidad, firmeza, aprendizaje…

Porque vosotras NO estáis estropeadas, es la sociedad la que está estropeada, enferma, marchita, caduca, podrida.

Y vuestra voz, mente y manos son absolutamente imprescindibles para cambiarla.

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#7 – Tres mentiras y una verdad sobre el feminismo

El feminismo es algo que no deja ni nunca ha dejado indiferente a nadie: difícil de definir con exactitud, hay quien lo ve como una oportunidad y hay quien lo ve como una amenaza; unos lo consideran un éxito y otros un fracaso; para mí, el feminismo ha sido, en cierto modo, una revolución secuestrada (en próximos posts hablaré de ello). Lo que está claro es que miles de chicas jóvenes, que al fin y al cabo son a las que me dirijo en este blog, se acercan al feminismo con miedo, confusión, dudas, absorbiendo todos los prejuicios que flotan en el aire de nuestra malsana sociedad; y con este post lo que quiero es derrumbar esos mitos (algunos titulares están escritos en un tono exagerado para dar un toque de humor, pero en el fondo no se alejan demasiado de lo que realmente piensa la gente…).

1) El feminismo quiere imponer la Gran Dictadura Mundial del Coño y rebajar al Enemigo Varón a la condición de esclavo sexual

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FALSO. El feminismo, al igual que todas las demás revoluciones sociales, busca la igualdad entre todos los seres humanos, que ningún grupo imponga de forma coactiva su poder sobre otro y que no se tolere la discriminación, en este caso por razón de sexo. El feminismo denuncia la opresión que han sufrido sistemáticamente las mujeres y niñas de todas las culturas a lo largo de toda la historia (sí, incluida la sociedad occidental y la época actual) a las cuales se ha tratado y se trata, según convenga, como ganado, como una posesión o como una mera máquina de parir esclavos que trabajen y consuman en beneficio del Sistema; pero no creemos que la opresión deba remediarse con más opresión, no queremos un “machismo a la inversa”: queremos la libertad efectiva para todas las personas, una sociedad inclusiva donde fluya el pensamiento crítico, cuente la opinión de todxs y no se reduzca al ser humano (sea hombre o mujer) a una simple máquina de producir y consumir. Y no, tampoco creemos que “el enemigo” sean los hombres en general, el verdadero enemigo es el Sistema que controla física y mentalmente a lxs ciudadanxs, utilizando herramientas como la exclusión, la discriminación, y por tanto también el machismo, para limitar las posibilidades del ser humano y apropiarse de su energía, de su tiempo y de su vida.

2) Las feministas son feas, sucias y malfolladas y si son feministas es porque están amargadas y nadie quiere darlas “mandanga de la buena”

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FALSO. Estos son los argumentos más infantiles (pero por desgracia también los más efectivos) que utiliza el Sistema para que las mujeres tengan “miedo” a acercarse al feminismo, que tengan cuidado de no parecer “demasiado feministas”. Pero basta utilizar la lógica y la razón para darse cuenta de que esta caricatura de las feministas no puede ser más irreal. En primer lugar, las feministas no son feas, pero entienden que su misión en la vida no es ser guapas, entienden que tienen cabeza para pensar, boca para opinar y manos para construir, que no son meros objetos de exposición. Hay feministas que llevan pelo corto, sudadera y zapatillas, y las hay también con pelo largo, minifalda y sandalias; pero por favor, dejemos de fijarnos en los malditos envoltorios, lo que las hace verdaderamente valiosas es la energía y la fuerza que albergan en su interior. Y respecto al otro mito…las feministas, lejos de estar amargadas, disfrutan incluso más de sus relaciones afectivas y sexuales, porque tienen menos complejos y menos prejuicios rancios respecto al amor y la sexualidad.

3) Las feministas son unas fanáticas radicales locas con las que no se puede dialogar y que sacrifican jóvenes doncellas a Satán

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FALSO. La verdad es que yo hace algunos años también tenía este prejuicio, era consciente de la cantidad de injusticias que se cometen contra la mujer pero, probablemente influida por familiares, amigxs y sobre todo por los medios de la comunicación, veía a las feministas demasiado intolerantes y dogmáticas. Sin embargo, un buen día apagué la tele y comencé a moverme por los círculos feministas de mi ciudad, asistir a reuniones, talleres… y allí sólo me encontré personas críticas, despiertas, con la mente abierta y de lo más tolerantes con las opiniones de los demás. Dentro del feminismo existen una gran cantidad de corrientes y opiniones, pero si a pesar de todo sigues pensando que las feministas son dogmáticas, ¡con más razón te necesitamos en el movimiento!, porque el dogmatismo y las mentes cerradas siempre terminan por destruir toda revolución.

4) El mundo está lleno de falsas (y falsos) feministas

VERDADERO. Por desgracia, el feminismo es utilizado como arma política por los altos cargos de los gobiernos y las corporaciones para ganar popularidad, votos, para dar “buena imagen”. Inflan sus discursos con elogios vacíos a la mujer y se les llena la boca de términos como “igualdad” y “género”, pero, siendo honestos, si a toda esta gente les importa una mierda el destino de la Humanidad y del Planeta, ¿cómo les van a importar los problemas de las mujeres? Esta hipocresía llega hasta límites absurdos, como un banco que decidió regalar una bayeta a sus empleadas y un alcalde que decidió regalar un delantal a las vecinas por el Día de la Mujer Trabajadora.

La aplastante presencia de mujeres en la Cumbre Mundial de la Mujer

La aplastante presencia de mujeres en la Cumbre Mundial de la Mujer

Toda esta gente jamás se autodefinirá como “machista” o “sexista”, incluso muchos no tienen ningún reparo en declarar ser “feministas”, pero lo cierto es que el verdadero feminismo, el que se organiza y lucha desde la base, les da auténtico miedo.

De hecho, si todos estos prejuicios sobre el feminismo que he enumerado anteriormente están anclados en la mente de las personas, a pesar de que no es “políticamente correcto” expresarlos en público, es por miedo, es porque el Sistema tiene miedo de que las personas dejen de sentirse limitadas por los roles asignados a su género, dejen de sentirse robots programables en todos los ámbitos de la vida y empiecen a sentirse personas libres con capacidad de pensamiento pronto.

Mientras tanto, nosotras seguimos, de algún modo, prisioneras en la cárcel de nuestra propia mente, y el feminismo es una llave más que nos permitirá ir desbloqueando, poco a poco, la pesada puerta metálica de nuestra prisión. Acerquémonos sin miedo, construyendo y luchando juntas, manteniendo siempre una actitud crítica.

Al principio hay que soportar el esfuerzo…pero después nada importará que nos llamen feas, gordas, amargadas, locas. Nosotras nos sentiremos libres.

#6 – El verano, esa época triste

El día 21 de junio comenzó el verano en el hemisferio norte del planeta Tierra (sé que hay compañeras que me leen desde el hemisferio Sur donde aún no es verano, ¡un abrazo a todas ellas!). El caso es que, a pesar del ambiente soleado y las caras felices de los anuncios de televisión, el verano, para mí, no deja de ser de algún modo una época triste.

A lo largo del año, las personas estamos en constante evolución: las circunstancias de nuestra vida nos hacen reflexionar, cambiar; a lo largo del año reforzamos más aún nuestras convicciones e ideas o bien decidimos romper con todo en lo que habíamos creído hasta ahora; a lo largo del año soñamos y despertamos en un ciclo que finalmente nos enriquece y nos transforma en mejores personas.

Sin embargo, en verano parece que esa maravillosa transformación desaparece por completo, ya que el Sistema ataca más que en cualquier otra época del año para convencernos de que no somos seres humanos, sino muñecas, y para ello saca toda su artillería pesada en forma de anuncios de chicas en bikini, dietas, y una avalancha de contradicciones del tipo:

“Come sano”, cuando en realidad quieren decir “no comas”;

“Protégete del Sol”, cuando en realidad quieren decir “ponte morena”,

“Disfruta del verano” cuando en realidad quieren decir “esclavízate en verano”.

Es en esta época cuando las grandes corporaciones hacen “su agosto” (y nunca mejor dicho) y por ello la maquinaria de manipulación a través de la publicidad está presente en todas partes. Se utiliza a una chica en bikini hasta para vender un reactor nuclear, y en todos los anuncios el apasionante universo de la mujer se reduce a chicas jóvenes que sólo sonríen y muestran su artificial y enfermizo cuerpo; que no hablan, ni opinan, ni sienten; tan sólo son cosas tontas.

¿Es que no véis la clara relación entre las chicas en bikini y la aeronáutica?

¿Es que no véis la clara relación entre las chicas en bikini y la aeronáutica?

Muchxs pueden pensar que estoy exagerando, que no dejarse llevar por la publicidad es tan sólo una cuestión de “tener un poquito de personalidad”, pero lo cierto es que se invierten millones y millones para que las mujeres no tengamos personalidad e indudablemente no se gastaría semejante cantidad de dinero si no tuviera efectos más que palpables. Y estos efectos, por más que queramos mirar hacia otro lado, son considerablemente graves.

En primer lugar, en esta época muchas adolescentes, niñas y jóvenes tienen unas largas vacaciones, con más tiempo libre que de costumbre. Y es triste saber cómo gran parte de ese maravilloso tiempo se consume por la obsesión con el físico, algo que es tan efímero; es triste saber cómo todas esas horas que las chicas pasan tomando el sol sin hacer absolutamente nada podrían emplearlas en leer, aprender, experimentar cosas nuevas, charlar con lxs amigxs… Es triste saber cómo todas esas horas que pasan aferradas a la fría máquina de un gimnasio para tener las piernas bonitas las podrían pasar caminando o andando en bici al aire libre, bajo el cobijo de los árboles de un parque… De acuerdo, visto así, esto puede no parecer tan grave, pero echar a perder el limitado tiempo de nuestra vida es una de las cosas más tristes del mundo, es un tiempo que ya nunca se puede recuperar…Y pensaréis: si todas estas chicas deciden pasar su tiempo así, es su problema, nadie debe meterse de por medio… Pero se nos olvida que cada una de estas chicas es potencialmente capaz de cambiar el mundo, y hay un mecanismo que lo impide porque las hace deshumanizarse a ellas mismas, convirtiéndose en meros objetos de exposición.

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Pero la religión del bikini no sólo nos hace malgastar nuestro tiempo en cosas banales, también tiene consecuencias gravísimas e irreversibles sobre la salud de muchas chicas.

El primer mandamiento de la religión del bikini, “no estarás gorda”, se repite como un mantra en revistas, anuncios, e incluso en la boca de nuestros familiares y amigos más cercanos. Y millones de chicas en todo el mundo encuentran la redención dejando de comer. Sí, vale, dicho así no parece tan grave, todxs vemos muy natural y normal dejar de comer para estar delgadx pero…¿¡alguien se imagina a un animal de cualquier otra especie dejando de comer sólo para estar delgado!? Es algo que sin duda va contra la naturaleza de los seres vivos, sin embargo, el constante bombardeo con el mandamiento de “no estarás gorda” lleva a mujeres de todas las edades a sufrir, y hasta a morir, por trastornos alimentarios. Porque somos incapaces de entender que una mujer debe amar y aceptar su cuerpo, y estamos programadxs para rechazar automáticamente a cualquiera cuyo cuerpo no entre dentro de los malditos cánones de belleza.

¡Eres mucho más que un número!

¡Eres mucho más que un número!

El segundo mandamiento, “no estarás blanca”, lleva a millones de chicas a meterse en asfixiantes ataúdes blancos llamados “cabinas de rayos uva”, o a pasar horas y horas tumbadas en una toalla bajo el Sol a las horas centrales del día. Una vez más, desoímos a la Madre Naturaleza, la cual nos dotó de piel y vello corporal (el cual también arrancamos) precisamente para protegernos del Sol, astro cuya luz es necesaria para la vida en la Tierra pero que también emite algunos rayos nocivos de los que antaño nos protegía la cada vez más deteriorada capa de ozono. En lugar de protegernos del Sol, que sería lo lógico, o en todo caso tomar el sol por poco tiempo a unas horas razonables (que eso tampoco es malo para la salud) nos dedicamos a achicharrarnos como sardinas hasta los límites de la insolación sólo porque alguien nos ha dicho que si estamos blancas no estaremos bellas, no nos aceptarán, no brillaremos, no seremos felices. Y, por no aceptar el color de piel que la naturaleza ha escogido para nosotrxs, corremos el riesgo de sufrir melanoma o cáncer de piel, uno de los tipos de cáncer más complicados que existen. El vídeo “querida yo a los dieciséis” recoge testimonios en primera persona de chicas y chicos jóvenes que han sufrido este horrible tipo de cáncer.

Vive rápido, muere joven y deja un bonito (y bronceado) cadáver

Vive rápido, muere joven y deja un bonito (y bronceado) cadáver

Ahora, en verano, por todas partes proliferan mensajes en los medios de comunicación que dicen “en verano, CUÍDATE”. Yo desde aquí tan sólo quiero revelaros que es mentira, que no quieren ni les interesa lo más mínimo que cuidéis vuestro cuerpo, sino que lo odiéis, que lo destruyáis, que sacrifiquéis lo único que verdaderamente os pertenece que es vuestro cuerpo y vuestra mente a su dios, el dios del capitalismo, el dios del dinero.

La verdadera revolución comienza cuando nos encontramos en paz con nosotrxs mismxs y comprendemos el verdadero poder de nuestro cuerpo y nuestra mente.

¡Libera tu mente!

¡Libera tu mente!

 

#5 – Tu cuerpo es tuyo… ¡pero tu mente también!

A lo largo de la historia, el sistema ha encontrado multitud de maneras de apropiarse del cuerpo de las mujeres. Durante siglos, y aún hoy en día, muchas mujeres no pueden decidir con quién casarse, con quién tener relaciones, cuántos hijos tener; en definitiva, han sido y siguen siendo consideradas un bien mueble más cuya propiedad pasa del padre al marido, y, más recientemente en la sociedad del consumo, unas muñecas que deben permanecer, ante todo, calladas, hermosas y exhibiendo una perfecta sonrisa.

La brutal deshumanización de las mujeres a través de la expropiación de su cuerpo ha sido descrita de forma magistral en el primer capítulo de El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, presentada en impactantes documentales como El cuerpo de las mujeres de Lorella Zanardo y denunciada a través de muchas campañas emprendidas por gente comprometida, últimamente sobre todo debido al retroceso en materia de derechos sexuales y reproductivos que está sucediendo en nuestro país.

Se trata, sin duda, de una lucha de vital importancia que no se puede abandonar. Hoy, sin embargo, voy a hablar de algo que siempre acompaña a la expropiación del cuerpo pero que se trata de una forma de manipulación más encubierta y sutil: cómo el sistema nos expropia nuestra mente y nos desposee de nuestro pensamiento propio. A través de la expropiación del cuerpo se consigue la dominación y la humillación de la mujer, pero a través de la expropiación de la mente se consigue que ella lo acepte y justifique.

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Por eso al sistema le interesa, muy especialmente, que permanezcamos alienadas de este modo: saben que a través de leyes, costumbres o utilizando la religión como pretexto es muy fácil robarnos nuestro cuerpo, pero robarnos nuestras ideas y convicciones más profundas sólo depende de que nosotras les dejemos entrar en nuestro cerebro, de que les permitamos manipular nuestro pensamiento a sus anchas. Una vez que seamos conscientes de que estamos engañadas, podrán encarcelarnos e incluso quemarnos en la hoguera como nuestras homólogas medievalespero saben que ya no seremos nunca más otro ladrillo en su muro de opresión y miedo. Cuando un ladrillo se cae de la pared, ésta sigue en pie, pero cuando caen todos, el muro desaparece.

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¿Las estrategias para conseguir esto? Son muchas. La primera, hacernos machistas a nosotras mismas. Quizá sea la más evidente, aunque lo cierto es que la tenemos tan incorporada en nuestro día a día y en nuestros esquemas mentales que muchas veces hablamos y pensamos sexista sin ni siquiera darnos cuenta. Cuando nos enteramos de que, por ejemplo, una chica ha sido violada y de que, por miedo o por cualquier otra razón no ha podido oponer resistencia… enseguida decimos: ah, pero ¿se ha dejado violar?, o el más asqueroso: ¿no lo iría buscando? Sí, todxs sabemos que una violación es un terrible acto forzado, que nadie lo “va buscando” y que el NO de una mujer basta, pero, siendo honestxs, a todxs se nos ha escapado alguna vez, y frecuentemente estigmatizamos a la mujer violada por haber sobrevivido, mientras en nuestro subconsciente retumba el ancestral prejuicio: si no ha muerto como mártir, entonces es una puta…

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Para hacernos sexistas, es muy importante conseguir que nos odiemos entre nosotras, que no estemos unidas, que veamos a las demás mujeres como competidoras en la lucha por complacer al varón. Nos ponen una especie de gafas para que veamos a las otras mujeres con los ojos de un hombre: nos programan para juzgar escrupulosamente a otras mujeres por razón de su físico (en realidad, más de lo que lo haría cualquier hombre). También nos programan para condenar y culpar el doble a una mujer que a un hombre por un mismo acto (por ejemplo, ante una mala educación de los hijos o un comportamiento sexual promiscuo) y para criticar ferozmente a cualquier mujer que se niegue a ser sumisa y decida pensar por sí misma: la llamamos fea, gorda, puta, indecente, marimacho, feminazi…

La segunda estrategia es la estigmatización: el clásico “como eres mujer…”. Como eres mujer, te dejas llevar por los sentimientos y no sabes debatir; como eres mujer, no sabes tomar tus decisiones de forma racional…¿No quieres tener hijos? Ah, perdona por la pregunta…es que como eres mujer… ¿Quieres ser astronauta? Joder, qué raro, como eres mujer… Sí, por desgracia muchos hombres y Homo Cañetus ciertas personalidades públicas acuden frecuentemente a este absurdo argumento, pero lo grave es que muchas veces nosotras mismas nos lo creemos y nos lo decimos entre nosotras: cómo es posible que te dediques a tal o cual cosa…¡si eres chica!; tú eres guapa, pero siendo chica, deberías ser más femenina…

El sistema siempre estigmatiza a quien ve peligroso...

El sistema siempre estigmatiza a quien ve peligroso…

Otra estrategia es la infantilización: conseguir que nos sintamos incapaces, tontas, que dependamos siempre de la ayuda y orientación de otra persona y convencernos de que, por más que nos esforcemos, nunca vamos a conseguir nuestros logros. Uno de los casos más frecuentes de infantilización es el de las mujeres embarazadas: seres humanos que atraviesan el difícil proceso de gestar otro ser humano en su interior y se las trata como niñas pequeñas, se las humilla y ningunea, tal y como cuenta este testimonio.

Pero el arma más poderosa que pueden usar para expropiarnos nuestra mente es la invisibilización, ya que ésta es, quizá, la que menos esté de nuestra mano combatir. A lo largo de la historia, ha habido grandes pensadoras, científicas y luchadoras de toda clase invisibilizadas por el simple hecho de ser mujeres; y hoy en día, los medios siguen silenciando a todas aquellas mujeres que podrían lanzar a otras el peligroso mensaje de: ¡EH! Tú no eres invisible y puedes cambiar las cosas… Los medios, en cambio, te muestran a mujeres que, o se contentan con ser muñecas, o son perros del sistema, o bien muestran una falsa y manipulada imagen del feminismo… Por ello, ¡hagámonos visibles y no permitamos que nos anulen como seres humanos!

Nuestro cuerpo nos pertenece y nuestra mente también.

women robots cyborgs

#4 – La soltera del grupo

Hoy en día, parece más que superada aquella idea de que el destino inevitable de la mujer es convertirse en buena esposa, madre y ama de casa, y de que su única misión en la vida ha de ser atender abnegadamente a su familia. En una sociedad en la que en todas partes se habla de “igualdad” (aunque muchas veces se trate más de un mero formalismo que de una verdadera vocación feminista), cualquiera diría que la mujer está liberada y que ya no tiene aquella presión social por encontrar marido que tenían las mujeres de antaño. Pero, ¿realmente podemos estar tan segurxs de esto?

Cuando, en un grupo de amigos varones, uno está soltero y no manifiesta expresamente su deseo de encontrar novia, casi todos entienden que sencillamente no quiere tener una, o que tal vez esa no sea una de sus prioridades. Es más, hasta le envidian, porque quizá si está soltero es porque no se ha metido en una relación que él realmente no deseaba.  Pero, ¿qué pasa cuando la que no tiene novio es ella? ¿Qué pasa con “la solterona” que hay en todos los grupos de amigas y en todas las familias? A ellas todo el mundo las trata con compasión, piensan que si no tienen pareja es porque han tenido “mala suerte”, y sus amigas, hermanas y sobrinas tratan de animarlas, como si tuvieran una enfermedad o fueran víctimas de una gran desgracia: venga, tía, no te preocupes, ya encontrarás a alguien… y el resto de personas, directamente, piensan que la soltera en cuestión lo es por ser fea y/o inaguantable. En efecto, la sociedad no entiende que una mujer pueda vivir de forma plena si no encuentra al amor de su vida.

princess

Todo esto se debe al terrible lavado de cerebro al que nos someten desde que somos pequeñas. Mientras los dibujos animados orientados al público infantil masculino tratan sobre historias cargadas de acción y aventura, la única acción y aventura que experimentan las princesas que ven las niñas es encontrar a su príncipe azul (para lo cual necesariamente tienen que ser bellas y delicadas). El enorme aparato propagandístico del amor romántico, que se encarna en forma de vomitivas comedias románticas, series de televisión y sagas literarias, golpea fuerte en nuestra conciencia desde nuestra más tierna juventud; por eso las chicas se sienten terriblemente desgraciadas cuando les toca ser “la soltera del grupo” (aunque tengan 13 años y debieran estar preocupándose por jugar, descubrir, imaginar, aprender…). Qué desgraciadas ellas, incapaces de encontrar a su príncipe azul y ser felices para siempre…

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Muchos dirán: el amor existe desde siempre, desde la época de Calisto y Melibea… Sí, pero en el final de La Celestina resulta que Calisto sólo quería tema. El problema es que el idea de “amor” que comparte la mayoría de la población es completamente irreal. Sí, enseguida calificamos a una persona que no busca una relación seria como “inmaduro”, pero ¿no es más inmaduro buscar una relación basada en una clase de amor que es irreal?

Y vivir en semejante estado de alucinación colectiva trae consecuencias bastante dañinas. Si no encontramos pareja, sentimos frustración y pensamos que es nuestra culpa: no somos lo suficiente atractivas, delgadas, femeninas, agradables… Cuando por fin encontramos al “amor de nuestra vida” nos llevamos una gran decepción, porque resulta que él no es un príncipe, sino un ser humano con zurraspas en los calzoncillos y nosotras no somos princesas, sino también seres humanos, y por eso unos días parecemos Heidi y otros el Increíble Hulk. Y cuando la relación termina, o bien pensamos que es nuestra culpa y que no hemos sido lo suficiente buenas novias; o bien directamente pensamos que él es un sapo (curiosa forma de simplificar la complejidad del ser humano: el hombre o es un príncipe o es un sapo).

vomito corazones

¿Y qué pasa con las mujeres que consiguen escapar de esa estúpida fantasía? Las reacciones de la sociedad son muy variadas: sienten lástima por ellas, o bien piensan que son inmaduras, cuando no que son unas descarriadas, locas, perdidas… En definitiva, fracasadas. Porque cuando vas a contracorriente, el sistema capitalista tratará de convencerte de que eres una fracasada, para que vuelvas a “encajar” en su espiral consumista y así un día decidas engordar sus bolsillos organizando una aparatosa boda, realizando un ostentoso viaje para dos o celebrando San Valentín. Quieren mantenerte enamorada del amor porque si no su negocio se derrumbaría. Porque si, en lugar del amor te enamorases de la libertad, la verdad, la justicia; si en vez de proyectar tu energía en buscar algo que no existe, la proyectases en conocer tus infinitas posibilidades y cambiar el mundo que te rodea… serías un verdadero peligro para ellos.

The spirit of flight, de Josephine Wall

The spirit of flight, de Josephine Wall

El amor de verdad existe y es una de las fuerzas más poderosas del Universo, pero no tiene nada absolutamente nada que ver con el amor de usar y tirar que nos venden en la publicidad y las películas pastelosas. El amor de verdad es sencillo, sincero, no trata de poseer y controlar sino de comprender, escuchar, compartir… Está muy bien encontrar una pareja con la que poder vivir esta experiencia, pero no necesariamente tienes que tener pareja para saber lo que es amar de verdad.

También puedes vivirlo siendo la soltera del grupo.

 snoopy

 

 

 

#3 – Chicas malas

Aldous Huxley, en su novela Un mundo feliz, hablaba de una droga, el soma, a través de la cual se mantenía felizmente sometida a toda la población. Sin duda, una de las muchas clases de soma con la que se droga a la gente hoy en día son todos estos programas de televisión en los que se expone la vida de famosillos y famosillas de medio pelo, que no han hecho absolutamente nada en su vida y además se hace de la forma más ridícula e indigna.

El corazón, al igual que cualquier otra droga, causa una fuerte adicción. Sabemos que estos programas no nos aportan absolutamente nada y que son una forma estúpida de perder el tiempo; pero aún así nos hipnotizan, nos “enganchan” con sus caras guapas, sus imágenes rápidas, sus colores brillantes y su música estridente. Nos hacen escapar de nuestras aburridas e insípidas vidas, nos hacen sentirnos como un dios, un Gran Hermano capaz de saber absolutamente todo sobre las miserable intimidad de los bufones que aparecen en nuestras pantallas de televisión.

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Admiramos su falta de dignidad, de sentido común, de inteligencia; y es preocupante cómo muchas chicas acaban adoptando la fantasía de que su propia vida es un reality show. Así, siguen a las concursantes de Mujeres y Hombres y viceversa o a las de Gandía Shore y quieren ser como ellas: Barbies con extensiones y pechos de plástico que compiten por cazar a su Ken; quieren ser famosas y salir en revistas que tratan a las mujeres como ganado, quieren salir cada noche, beber y drogarse hasta perder la consciencia porque en las pantallas de televisión no se proyecta la destrucción personal y familiar que provocan las drogas. Confunden tener muchos seguidores en Twitter o Instagram con ser admiradas o respetadas.

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Y el corazón, al igual que las demás drogas, no sólo nos destruye personalmente sino que también desintegra nuestros lazos sociales. Nos convierte en chicas malas: se nutre de nuestra falta de autoestima para hacer que perdamos nuestro tiempo criticando a las demás mujeres y juzgándolas por su físico, su peso, su edad, su vida personal…  De hecho, hay revistas que el único contenido que ofrecen es burlarse de los defectos físicos de mujeres famosas (¡y nunca de hombres!). Al introducirnos en esta dinámica, esta droga nos produce un chute de euforia, nos hace sentir mejor: creemos que, comparándonos con las demás, somos más guapas, más listas, más “decentes”, mejores madres… en definitiva, menos miserables.

chicasmalas

Así, muchas chicas se “arreglan” (como si al natural estuviesen estropeadas) no para impresionar a una persona que les guste, sino para evitar las críticas de otras mujeres; suegra y nuera “compiten” por ver quién trata mejor al hombrecito de la casa y, siendo honestas, ¿quién de nosotras no ha sido traicionada por una supuesta amiga o grupo de amigas en el instituto?

La sociedad siempre trata de convencernos de que esto es algo natural, de que las mujeres somos víboras por naturaleza, de que somos el sexo débil, enfermizo y retorcido que tiene que ir por detrás ante su falta de fuerza física. ¿Es esto cierto? Claramente no, pero a los amos de este planeta les interesa y mucho fomentar esta clase de comportamiento. Les interesa mantenernos distraídas con nuestras intrigas sentimentales en lugar de observar y cuestionar la realidad que nos rodea; que perdamos el tiempo en preocuparnos por lo que piensen los demás en lugar de preguntarnos qué es lo que realmente queremos nosotras; y lo que es más importante, les interesa que NUNCA ESTAMOS UNIDAS. Porque saben que el día que estemos unidas y tengamos claro por qué luchamos, los pilares de su imperio sexista basado en el engaño y la opresión comenzarán a temblar.

Por tanto, destruyamos todos aquellos prejuicios e ideas rancias que nos mantienen desunidas, apaguemos el televisor y no dejemos que sus mentiras envenenen nuestra mente, usemos la cabeza y no consumamos corazón.

¿Chicas malas?…¡sí, pero para su sistema!

#2 – Rompamos espejos, rompamos cánones

¿Qué es el canon?

Canon es la regla, lo convencional, el protocolo, lo estándar: o estás dentro del canon o estás fuera. En concreto, los cánones de belleza han estado presentes en el arte y la arquitectura a lo largo de toda la historia, y su función original es orientar a artistas, escultores, pintores… e inscribirles dentro de una corriente u otra.

El problema viene cuando el canon de belleza se convierte en una especie de Ley Universal ante la que el ser humano (y especialmente las mujeres) tiene que someterse de forma incuestionable, a pesar de que el canon de belleza de hoy en día es, desde mi punto de vista, el más estúpido desde la época de los corsés y las pelucas empolvadas.

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Esta es Miranda Kerr, una buena representante de lo que es el canon de belleza de hoy en día. Su verdadera cara está oculta bajo toneladas de maquillaje, su peinado resulta de horas de maltrato térmico a base de plancha y tenacillas, sus tetas son producto del push-up y probablemente algún toque de silicona y, ¿quieres saber algo verdaderamente bizarro? Miranda Kerr no tiene cejas. Muchas modelos no tienen cejas, las tienen afeitadas completamente o a la mitad, y lo que hacen es pintárselas (últimamente se las están dejando crecer, pero esto seguramente no sea más que otra tendencia pasajera). Pero esto no es lo más grotesco. Miranda Kerr, si se hiciera la prueba del Índice de Masa Corporal (IMC), probablemente obtendría como resultado “desnutrición severa”. En la foto se aprecia bastante bien, pero probablemente estés tan cegada que no seas capaz de verlo.

Y eso es lo preocupante: nos quieren enfermas, plastificadas y modificadas y nosotras lo vemos como algo completamente normal. Es más, cuando vemos una mujer que no tiene la suerte de haber nacido tan guapa como Miranda Kerr y se niega a enfermar, plastificarse o modificarse enseguida nos apresuramos a llamarla gorda, plana o fea.

Pero todo esto tiene una razón de ser: nos han programado para pensar así porque esto mueve un negocio verdaderamente millonario. La economía capitalista no se basa en satisfacer necesidades, sino en crear insatisfacción. Y por eso nunca nos vemos lo suficientemente delgadas, nunca sentimos que la ropa nos sienta lo suficientemente bien: así volveremos a la tienda a comprar más ropa. Cada vez que una mujer pierde un complejo, una corporación pierde potenciales y suculentos beneficios.

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Y esa es la dinámica diaria en la que viven millones de mujeres en el mundo industrializado: todas caminamos como zombies en busca de una perfección física que en absoluto nos hará más felices, más libres o nos hará sentir más realizadas. Desde nuestra más tierna infancia entramos en una cadena de producción para convertirnos en muñecas de plástico: nos sometemos a estrictas dietas para tener éxito en la operación bikini, nos arrancamos el vello natural de nuestro cuerpo, nos obsesionamos con la imagen que proyectamos hacia los demás. Nos bombardean a todas horas con imágenes de mujeres perfectas a las que debemos parecernos, el Gran Hermano de la Belleza nos vigila las 24 horas del día, es el espejo aquel ante quien debemos rendir cuentas. Nos da vergüenza entrar solas a los sitios, necesitamos que nuestras amigas abran la puerta primero o nos acompañen al baño. Al entrar en clase, en el trabajo, en las reuniones familiares…nos sometemos al escrutinio de todos aquellos a nuestro alrededor que van a juzgar nuestro físico, y nosotras mismas encontramos diversión en juzgar y criticar el físico de lxs demás. Y esta espiral insana deriva en terribles consecuencias: rostros y cuerpos deformados por la adicción a la cirugía estética, chicas de todas las edades con graves trastornos alimentarios, mujeres que sufren rechazo social e incluso no encuentran trabajo debido a sus características físicas.

Este mecanismo diabólico, obviamente, no sólo engorda los bolsillos de las grandes corporaciones de la moda y la belleza, sino que también beneficia a las élites mundiales que quieren una población aborregada, esclava, dormida. Y, para ello, ¿qué mejor que conseguir que las mujeres sean vistas por la sociedad (y por ellas mismas) como nada más que un ejército de cuerpos, objetos, muñecas?

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El oncólogo brasileño Drauzio Varella dijo una frase que representa muy bien el mundo actual:

En el mundo actual se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y en silicona para mujeres que en la cura del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos ancianos sin problemas de virilidad y ancianas con grandes senos, pero ninguno de ellos se acordará para qué sirven“.

No consintamos esto: despertemos y defendamos nuestra existencia como seres humanos en busca de la verdad, la libertad, el conocimiento. No permitamos nunca más que nos traten como muñecas.

Rompamos espejos, rompamos cánones.

#1 – Nos quieren estúpidas

Antes de que me apaleéis, con esta entrada no quiero decir que las mujeres seamos estúpidas,  pero la verdad es que existe un gigantesco mecanismo en el cual se invierte una gran cantidad de esfuerzo y dinero con el fin de hacernos estúpidas.

Y es que basta con buscar contenidos para mujeres en general en Google para darse cuenta de esto. Si tecleamos “web para mujeres”, la primera página que aparece es esta:

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Estamos tan acostumbradas a ver este tipo de páginas, que probablemente no veamos nada raro en ellas. Bien, probemos a buscar “foro para mujeres” en Google. El primer resultado es el famoso portal enfemenino.com, y estos son los subforos que existen:

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Y es en los subforos de la página más visitada por las mujeres hispanohablantes donde mejor podemos ver cuál es el problema. ¿Dónde están la ciencia, la política, la tecnología, la literatura, la historia, el arte…? ¿Dónde se habla del caótico y desenfrenado mundo en el que vivimos, de las complejas relaciones internacionales, del maravilloso pero deteriorado escenario que es nuestro hogar la Tierra, del desconocido Universo? ¿Dónde se critica y cuestiona lo que vemos al nuestro alrededor, dónde se habla de independencia, libertad, de sentirse realizada una misma…?

La respuesta es: en ningún sitio. Y es que las mujeres, sencillamente, no debemos hablar de todo ello: no somos más que muñecas cuyas aspiraciones en la vida son estar bellas, estar delgadas, vestir a la moda, cazar marido, montar un bodorrio, tener bebés, que nuestros niños sean más guapos y más listos que los de [insertar nombre de mujer X], preparar la comida, tener la casa bonita; ¡ah!, y la única “ciencia” que podemos dominar es la astrología.

Todo esto podemos justificarlo pensando que los creadores de estas páginas necesitan obtener beneficios y obviamente sólo van a ofrecer contenidos que interesen a la mayoría de las mujeres, pero lo que debemos preguntarnos es: ¿por qué es esto así? ¿Es acaso nuestra esencia femenina la que nos impide acercarnos a campos como, por ejemplo, la tecnología? Esto no tiene mucho sentido cuando la madre de la programación informática fue una mujer.

No es mi intención ahora comenzar un debate sobre diferencias biológicas entre hombres y mujeres, pero lo cierto es que la mayor parte de nuestros “rituales femeninos” diarios los hacemos porque nos les han inoculado a través de un proceso de manipulación psicológica.

Y es que manipular es, desgraciadamente, terriblemente fácil. Por ejemplo, en los Estados Unidos de la década de los 20 estaba muy mal visto que las mujeres fumaran: se asociaba a la prostitución y ver a una mujer encendiendo un cigarrillo causaba gran rechazo social. Entonces, en 1929, a un publicista llamado Ed Bernays se le ocurrió contratar a un grupo de modelos para que comenzaran a encender cigarrillos en el desfile de Pascua de la ciudad de Nueva York. Los medios bautizaron el acto como “las antorchas de la libertad” y, desde aquel momento, mujeres de todo el mundo las imitaron y el número de adictas al tabaco se multiplicó exponencialmente (con los consiguientes beneficios multimillonarios para las tabacaleras, claro). Si queréis saber más sobre este personaje y esta historia, os recomiendo el documental “El siglo del individualismo”.

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¡Miradme, soy una mujer liberada!

Y es que la “liberación” de la mujer es, paradójicamente, uno de los temas favoritos de la industria de la manipulación femenina. Sólo tenemos que fijarnos en el modelo de mujer propuesto por Sexo en Nueva York, una auténtica mujer cosmopolitan aparentemente liberada a nivel sexual, profesional… pero igualmente esclava de su físico y de la imagen que proyecta a los demás. Y digo “aparentemente”, porque por ejemplo la liberación profesional sólo existe si eres ejecutiva y tu sueldo te permite comprarte bolsos caros. Nada de trabajar, por ejemplo, investigando, solucionando problemas, enseñando, ayudando a otra gente…o haciendo cualquier otra cosa que te guste.

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Todo esto tan sólo es una pequeña parte de la brutal maquinaria que intenta convertirnos en seres estúpidos. Sí, por supuesto que a los hombres también se les manipula (muchísimo y cada vez más) y también es cierto que hay miles de mujeres maravillosas que se niegan a aceptar su rol de muñecas y deciden liberarse de esta miserable industria de la estupidez. Sin embargo, si eres una de ellas más de una vez te habrás encontrado en un océano de incomprensión (depende del ambiente y el entorno familiar/social en el que te encuentres, claro está) pero esto es cierto en demasiadas ocasiones, especialmente si te interesas por campos o círculos dominados por hombres: muchos te aceptarán como uno más pero otros tantos no estarán por la labor de darte la bienvenida.

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Nena, ¿tú qué pintas aquí? No eres un MA-CHO MA-CHO MEEEEEEEEEN ♫

Y es que, cada vez que una mujer piensa por sí misma, los cimientos de este absurdo pero lucrativo imperio comienzan a tambalearse. Así que, no lo dudes: pregúntate por qué haces lo que haces, por qué piensas lo que piensas y cuestiona todos y cada uno de los roles que se te han asignado.